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El comienzo de todo

Foto del escritor: Daniel Vásquez Plasa
Daniel Vásquez Plasa
2 jul 2020
3 min de lectura

Bueno en este relato intentaré resumir el gran evento que fue para mí el poder abrir la puerta al mundo del ciclismo. Con esto no quiero decir que este día descubrí el amor al pedal, pero fue cuando decidí darle más importancia y desarrollarlo; desde que yo era pequeño siempre vi a mi papá, a mi abuelo y mi tío montar en bicicleta de manera cotidiana; mi papá siempre tuvo dos bicicletas doble suspensión y con buenos componentes, claro para esa época; me parecían bicicletas muy imponentes pues yo era pequeño y ahora aún conservamos una de ellas, de rin veintiséis ya no es tan grande.

Bueno para seguir, recuerdo que cuando cumplía aproximadamente ocho años mi padrino me regaló una bicicleta de montaña pequeña doble suspensión de siete velocidades, que en ese momento, era la sensación y como no, para mí lo más genial que había recibido. Con esa bicicleta aprendí a andar y de ahí no paré, siempre me gustó ir y venir junto con mi primo por el barrio montando en bici; inevitablemente crecí y la bici ya no me quedaba pero las ganas de pedalear aún estaban conmigo es por eso que mi papá me regaló de cumpleaños una BMX rin veinte para salto, para mí un lujo completo pues aún la conservo y no ha perdido su elegancia. Recuerdo muy bien que junto con mi regalo (la BMX), mi primo también recibió una y pedaleábamos hasta otros barrios y la pasamos bien. Después de la BMX el gusto por pedalear se quedó guardado pues mi primo se mudó a otro barrio y yo quedé sin compañero de rodadas. Los años pasaron me volví un adolescente, me había olvidado cuánto me gustaba andar en bici; intente muchos deportes como el fútbol, el básquet, el skate, el vóley, entre otros; no era malo pero tampoco fui el mejor. Recuerdo muy bien que mi amigo Daniel estaba vendiendo una bicicleta GT rin 26 de 3x8 velocidades y mi otro amigo Erick se la compro, entonces recordé que yo también amaba pedalear y desempolve las viejas bicicletas de papá, busque instructivos de cómo realizar mantenimientos y las restaure y le propuse a mi amigo Erick que cada fin de semana hiciéramos rutas en las afueras de la ciudad. Esto coincidió a que la primera rodada en grupo fue en mi cumpleaños, yo estaba muy emocionado y con grandes expectativas pero la vieja bicicleta de papá me iba a recordar porque no tuve que abandonar el pedal. Recuerdo haber llegado al punto de encuentro y ver que todos tenían bicicletas de gama media para arriba y muy actuales, a comparación de mi hermosa pero antigua GTX doble suspensión de hierro con siete velocidades por tres.

Comenzamos el acenso, por en el sur de Quito, los primeros km fueron fatales, sentía que me faltaba la respiración y que mi corazón se iba detener, además que todo lo que tenía en mi estómago iba a salir, fue horrible.

Lo mejor de todo fue que como novatos con mi compañero Erick quisimos tomar ventaja y adelantarnos un poco al grupo provocando así a que nos perdiéramos y tuviéramos que guiarnos por nosotros mismos, aun así disfrutamos de este recorrido atravesando todo el hasta llegar al Valle de los Chillos, no olvidaría esta primera salida jamás porque ocasionó a que buscara cómo mejorar mi rendimiento dando puerta abierta a que comprara a mi consentida “la demonia”.

Mi primera bicicleta gama media pero rendidora, me la compraron mis papás al ver que puse empeño en el ciclismo. La encontramos en un taller de bicicletas cerca de casa donde nadie le prestaba atención hasta que la vi, era una DBK rin veintiséis, con suspensión delantera, de veintiún velocidades, freno de disco hidráulico adelante y freno mecánico trasero; sin duda una maravilla para un novato y desde ese momento se han generado historias que será un gusto contarles y en próximas ocasiones.


Cortesía de Kevin Sebastián



 
 
 

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